Estar en las calles de Nápoles es como debe ser entrar en un “Todo a 100” un día de rebajas. Está cerca de tu casa, pertenece a tu barrio y en teoría debería ser un lugar que se rige por las mismas o parecidas normas con las que estás acostumbrado a convivir, pero no es así.  Es, aparentemente, el caos dentro de un mundo que creías conocer. Luego, tras pasar un tiempo dentro, te das cuenta que se rige por sus propias reglas, difícilmente comprensibles para ti.

Una vez que traspasas el umbral, te das cuenta de que todo tu universo se ha puesto patas arriba, de que tienes que acostumbrarte a la peculiar forma en la que ahí se aplican las normas, o no durarás demasiado. Cuando viajas a un país exótico sabes que encontrarás una cultura completamente diferente, que tendrás que adaptarte a unos hábitos y costumbres que no tienen nada que ver con los tuyos, pero gracias a ello, estás sobre aviso y has tenido tiempo de prepararte para el cambio. Nápoles, en teoría, pertenece a nuestro club, es parte de una de las naciones más antiguas y con más tradición de Europa, pero es muy difícil que te hagas una idea de lo que vas a encontrar la primera vez que pongas el pie en ella.

Una de las cosas que me chocó, fue el hecho de que los napolitanos son, aparentemente más serios y apagados que el resto de los italianos. Sus ropas son más tristes, en muchos casos mortecinas con dominio del gris, el azul y el negro. Son más callados, menos vociferantes y sobre todo, no gesticulan y alzan los brazos y mueven las manos constantemente cuando hablan como el resto de sus compatriotas.

Cuando había pasado unas horas en la ciudad y había estado a punto de ser atropellado en varias ocasiones, comprendí la razón.
El tráfico es absolutamente anárquico, las direcciones son meramente decorativas. Al cruzar una calle, aunque sea una estrecha vía de un solo sentido, has de mirar en todas las direcciones. Los vehículos pueden aparecer desde cualquier lado. A veces desde el interior mismo de los portales. Cuando se encuentran dos de frente en una calle de un solo sentido no dudan en invadir la acera para poder cruzarse sin importarles demasiado los viandantes. Las motos circulan en muchas ocasiones por esta misma acera, por las calles peatonales, bajan escaleras, zigzaguean entre la gente y hacen sonar sin parar sus estridentes bocinas.

 

Es obvio, que si a los napolitanos les diera por expresarse de manera entusiasta acompañando sus expresiones gesticulando con los brazos, esta sería la ciudad con mayor número de mancos de toda Italia….

Nápoles es la ciudad más populosa del sur de Italia con más de 4 millones de habitantes. Es caótica, imprevisible, desordenada y algo sucia, con aspecto de tener con un pie más en África que en Europa, pero con ese encanto especial y con la extraordinaria personalidad de las ciudades que viven en constante decadencia. Desde España se puede llegar a Nápoles en la compañía Meridiana, que tiene vuelos directos desde Madrid, Fuerteventura, Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife o Vueling que lo hace desde Barcelona.

 

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