Masachapa y Pochomil son dos pueblos siameses, imposibles de separar quirúrgicamente, y que cuanto más van creciendo más se van juntando. Son siameses, pero no gemelos. Difieren considerablemente uno del otro.

Aunque yo me he asentado en Masachapa, mi corazón está repartido entre las dos poblaciones… digamos que tirando más a Pochomil, la verdad sea dicha.

Casa de masachapa

Una casa de Masachapa con una indicación debajo de ruta de escape para caso de tsunami

Masachapa es más urbano, más concentrado, con una intensa actividad pesquera y una playa que cuando sube la marea, queda reducida a la arena que los paseantes han ido esparciendo por las avenidas que desde ella llevan hacía el pueblo. Pochomil es más extensiva; se despereza lánguidamente a lo largo de una inmensa playa y, la marea, aunque la afecta recortando su superficie, no la deja reducida a la mínima expresión.

Tanto una como otra eran hace unos años las playas a las que acudían, tanto en vacaciones como en fin de semana, los habitantes de Managua. Por algo es la zona costera más próxima a la capital. Actualmente se han visto eclipsadas por las zonas del sur, con la bonita ciudad de San Juan del Sur a la cabeza.

Masachapa está a unos 60 km. de Managua. Se puede ir por dos carreteras. Lo más corto y directo es salir de Managua por la nacional 1, la panamericana, y al llegar a la localidad que los nicaragüenses llaman “El Crucero”, pero que en los mapas viene como Las Conchitas, tomar la nacional 6 hasta la costa. La otra forma es enfilar la nacional 6 en dirección hacía León, y en la localidad de Santa Rita, desviarse por la nacional 10 hasta Masachapa. Yo personalmente prefiero la primera.

En la Terminal de autobuses Ricardo Morales, dentro de las terminales del Mercado Oriental, se pueden coger autobuses que llevan a Masachapa y Pochomil. Tardan unas 2 horas en hacer los 60 km. del viaje, pero a mi entender es una experiencia muy interesante. Cuestan la módica cantidad de 30 córdobas. menos de 1 euro.

También se puede ir en taxi, pero es bastante más costoso. En la misma estación de autobús se puede preguntar por los taxis hacía Masachapa. Si se reúnen 4 personas y se llena el vehículo, el viaje saldrá mucho más barato. No os digo cuanto, porque eso es algo a tratar con el conductor y seguro que os ocupará un buen tiempo en regateos.

Casa pescadores masachapa

Una casa de pescadores a la orilla de la playa en Masachapa

No os voy a engañar, en Masachapa no hay mucho que ver, al menos desde el punto de vista turístico tradicional. Quizás uno de los principales atractivos sea ver un pueblo de costa en el que  prácticamente no hay turismo extranjero. Un pueblo en el que todavía te miran por la calle cuando eres de fuera, y en el que la fiebre del turista todavía no ha alterado mucho a los del lugar. La mayor parte de los visitantes que acuden a la zona son nacionales. Pero eso no es todo, siempre hay muchas cosas que admirar y descubrir si se sabe ver. Solamente hay que esforzarse un poco.

casa playa masachapa

Una de mis casas preferidas de Masachapa. Pegada a la playa

Reconozco que yo llegué a Masachapa por circunstancias especiales. En la ciudad está situado el hotel de un amigo, y me ofreció hospedarme como primera etapa en Nicaragua. Si no hubiera sido por eso, no creo que hubiera aparecido por ahí. Pero como dice el refrán, de perdidos al río… o mejor dicho, a la playa de Masachapa. Así que utilicé el hotel de Masachapa como centro de operaciones.

Quintas playa Masachapa

Quintas en la playa de Masachapa

Enseguida comencé a encontrar cierto atractivo a los pequeños placeres de pasear por la arena al amanecer, charlar con los locales, investigar los escasos comedores existentes en la zona y acudir a la playa cuando los pescadores vuelven con sus capturas, para hablar del día a día de la pesca, además de comprar algún que otro pescadito para echar a la barbacoa. Placeres muy cotidianos, que a veces echas de menos en los viajes, que acostumbran a ser de todo menos calmados.

desembocadura río playa masachapa

Desembocadura del río que llega a la playa de Masachapa

Curiosamente Masachapa, aunque no te suene lo más mínimo, es posible que haya estado presente en tu vida en numerosas ocasiones. En los años 70 estuvo de moda una canción que se llamaba “Cuando calienta el sol ahí en la playa”. La canción es obra del compositor nicaragüense Rafael Gastón Pérez, y originalmente se llamaba “Cuando calienta el sol en Masachapa”. Seguro que alguna vez la has oído e incluso la has tarareado.

Si apareces por aquí te recomiendo bajar temprano a la playa, antes de las 8, por la rampa que pasa junto al puesto de policía local y al de las Fuerzas Navales y acercarte a la zona a la que llegan las lanchas de los pescadores. Las lanchas, dotadas de potentes motores fueraborda, entran a toda velocidad en la playa, aprovechando el impulso de las olas y la fuerza del motor, para varar lo más adentro posible en la tierra. Ahí mismo desembarcan el pescado y lo distribuyen entre los numerosos puestos que hay repartidos por una callejuela que sale de la misma playa. Encuentras pequeños atunes, langostas, camarones, pargos rojos, guacamayos (si, no te extrañes, no es es un loro, es un pez bastante grande), montones de otros peces que me es difícil memorizar y, por desgracia, bastantes huevos de tortuga.

En Masachapa no hay demasiados restaurantes en los que se pueda comer en condiciones. La oferta de puestos callejeros y de fritanga es muy extensa para los nicaragüenses, pero algo monótona, escasa y en locales con condiciones higiénicas muy precarias para los occidentales. De todas maneras en la playa hay dos o tres locales que se salvan de la quema. Uno de ellos es el Summer, una cadena de la que hablé en la entrada que escribí de mi llegada a Managua. El pescado es excelente, aunque los precios son de restaurante occidental. Vamos, que es para darse un lujo.

Cuando está a punto de caer la noche, sobre las 5 de la tarde, llega otra tanda de barcos. Estos suelen alejarse más de la costa a pescar tiburones. Ten en cuenta que la mayor parte de lo que en occidente venden como pez espada, es en realidad tiburón.

zopilotes playa masachapa

Los zopilotes en la zona donde tiran los restos de pescado

Ahí mismo limpian el pescado. Los perros y los zopilotes, unos buitres negros del tamaño aproximado de un pavo, se reparten los restos en buena vecindad, dejando al final del día la playa hecha unos zorros y con un olor de mil demonios. Pero que narices, es el olor de su vida, de su día a día y en parte de su miseria. Si quieres algo más placentero, tienes que alejarte de la zona de los pescadores, al otro lado de la playa, en el área de los restaurantes y los bañistas. y si quieres algo que se asemeje al pequeño paraíso tropical que te habían prometido cuando saliste de tu país, entonces recorre un par de kilómetros de playa y vete a Pochomil. Pero exprime antes un poco Masachapa, aunque solo sea para darte cuenta porque hace años inspiró una canción tan bonita…. siento tu cuerpo vibrar cerca de mi…

Por encima del cauce del río en el que perros y zopilotes se disputan los restos del pescado, está enclavado el cementerio que alberga los restos de las víctimas del maremoto que sufrió la región en 1992. Tsunami para que nos entendamos. El lugar es realmente siniestro; una docena de cruces clavadas directamente en la tierra, de forma desordenada, comparten la soledad de sus muertos con una bandada de zopilotes que utilizan el lugar como atalaya de sus depredaciones. Si no fuera real, podría ser la viñeta de un cómic de Lucky Luke...

Que solos se quedan los muertos.

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