Habíamos elegido la ciudad de Oussunye como punto de encuentro, ya que Rafael conocía a una chica que trabajaba ahí para una ONG cordobesa. Estaban llevando a cabo varios proyectos de cooperación en la zona y nos recibieron con los brazos abiertos. Siempre es bueno encontrar alguien que te sirva de introductor en una zona remota.

Cartel de la ONG

Nos quedamos en un albergue que normalmente utilizaban las diferentes ONGs que operaban por la zona. Además de la organización cordobesa, había unos padres salesianos y unos catalanes seglares, realizando diferentes misiones por la región. Decidimos pasar ahí unos días de relax, explorando el país y reponiendo fuerzas.

Desgraciadamente solo pude disfrutar de la compañía de Adán la tarde en la que llegué, porque al día siguiente debía de partir temprano hacía España por problemas familiares.

Contándonos las batallitas del viaje

Lo despedimos bastante tristes y algo inquietos porque se volvía solo en moto a España. Aunque Adán era un tiarrón con experiencia, no dejaba de ser un viaje muy largo y con bastantes peligros por el camino. Consiguió hacer su retorno sin contratiempos, y a la vuelta a España nos contó su viaje con todo detalle.

La región de Casamance se diferencia del resto de Senegal por ser una zona de clima subtropical. Hay grandes arrozales y extensas zonas de bosque. Además tiene unas playas estupendas, llenas de palmeras y vegetación exuberante, al estilo de esos paradisíacos, y aparentemente irreales, arenales que estamos acostumbrados a ver en las fotos de los escaparates de las agencias de viajes.

Playa de Cabo Skirring

A la mañana siguiente de mi llegada montamos en las motos y nos dedicamos a explorar la región. El recorrido discurría entre enormes extensiones inundadas de agua para cultivar arroz, flanqueadas por palmerales, por entre los que fluían plácidas carreteras con escaso tráfico y un montón de puentes. Un mundo semi acuático, que parecía una premonición de lo que nos íbamos a encontrar más adelante durante el resto del camino.

Haciendo la competencia a Payasos sin Fronteras

La mañana de hermanamiento fue perfecta. Al mediodía quedamos con la amiga de Rafael, la responsable de la ONG, en una pequeña granja que habían puesto en marcha cerca de Oussunye. Queríamos visitar el proyecto y ver que es lo que estaban haciendo los cordobeses por estos lares. La granja era cuanto menos curiosa. Era de pollos, y estaban intentando criar un tipo de ave con menos plumas de lo habitual, que se aclimatara mejor a las altas temperaturas de la zona; un pollo desplumado. Ese tipo de pollo sería no solo una ventaja para África, sino para muchas granjas en todo el mundo, que así se evitarían el proceso de desplumarlos después de sacrificarlos. La vida de los pollos nunca ha sido fácil, pero desprovistos de su dignidad plumífera, sería aún más desapasionada, sin poder hinchar sus plumas para pavonearse delante de sus gallinitas. Es como si en la película Grease a Travolta le hubieran afeitado el tupé.

En la granja comimos arroz aderezado con pescado, al viejo estilo de “cucharada y marcha atrás”, sirviéndonos todos de una palangana comunal. Eso si, los de las cucharas nosotros, los de la zona con las manos directamente.

La especialidad de la casa, pescado a la palangana

Echamos la tarde por la zona, visitando las instalaciones de otras ONGs y ejerciendo una de mis vocaciones frustradas, que es la de payaso sin fronteras. No puedo negar que el primer día en Casamance nos había dejado un excelente sabor de boca…. a pesar del pescado de la palangana.

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