martes, junio 25, 2019

Conducir por la India, o cuando la fé mueve las ruedas

Vayas en coche, moto, bicicleta, o en un tanque Leopard II con su dotación completa de armamento, conducir por la India es un autentico suicidio. Os lo digo yo, que dé tendencias suicidas se un montón, ya que lo llevo haciendo durante bastantes años. Pero ya sabéis, no me hagáis ni caso y recordad lo que vuestros padres os decían de pequeños; ¿Y si Pepito se tira por un puente, tu también te tiras?… pues eso, a Moncho ni caso.

Casco moto india

Ante todo un buen casco, una cazadora con protección y guantes

Os pondré entonces en antecedentes. En la India no conducen por dónde deben, conducen por donde pueden… y por donde quieren. Por donde pueden colarse, por donde hay hueco, por donde no hay hueco, por el asfalto, por la acera, a través de los jardines y los parterres, a través, por encima y por debajo de la gente, en su dirección correcta, en la dirección contraria, en diagonal a la dirección y a veces en una 5ª dimensión espacial que solo existe aquí, y que las leyes físicas occidentales desconocen por completo.

Calesa nupcial india

A veces te encuentras vehículos sorprendentes; una calesa nupcial

A pesar de todo, y al observar el aparentemente caótico fluir del tráfico, no hay tantos accidentes como podía parecer. Vale, no respetan ninguna norma establecida por las autoridades internacionales, pero tienen unas reglas no escritas, nacidas de su propio caos, que de alguna forma funcionan. En caso contrario no me explico cómo la población del país sigue aumentando sin cesar, teniendo en cuenta que sus cunetas deberían estar tapizadas de cadáveres. O los esconden, o realmente no hay tantos accidentes.

Si eres medianamente espabilado podrás sobrevivir. Como decía el bueno de Bruce; “Be water my friend”. Fluye con ellos, no te opongas, no te ofusques, no intentes tener la razón, olvida todo lo aprendido y adáptate a su forma de conducir, pero en plan más tranquilo.

No te molestes en protestar, que no te hierva la sangre, intenta meter tu cerebro dentro de una campana de aislamiento y lo sacas luego cuando llegues a tu destino.

Royal Enfield India

Mi burrita durante un polvoriento descanso

Utiliza mucho la bocina, a ellos les encanta, es el sonido constante de las ciudades y las carreteras, y lo que hace es anunciar su paso. El peatón se apartará ligeramente, el vehículo al que vas a rebasar se mantendrá firme en su rumbo sin variaciones hasta que le pases, y el camión que viene de frente por el carril contrario ni se moverá, porque aunque toques la bocina, el más grande que tu.

Esa es la tercera regla; el pez grande se come al chico, y ni tan siquiera se para a rebañarse los morros. Todo lo que sea más grande que tu, y siempre habrá algo más grande, incluso más grande que un tanque Leopard II con su dotación completa de armamento, tiene preferencia… Si lo entiendes vivirás. Si eres un Gary Cooper empeñado en se imponga la justicia del mas débil, morirás… fin de la tercera regla.

autovía India

La silla de un paisano que tienen para avisar de la entrada a un restaurante

Los peatones. No son nada, son como las moscas que vuelan alrededor del trasero de un toro de lidia. Cuando pueden saborean un poco de mierda. El rabo se balancea rítmicamente, de forma aleatoria, sin apuntar a ninguna en particular, sin tirar a dar, pero que no se pongan en su trayectoria. Ese es su problema, no un problema del rabo. Al final caen pocas, porque el rabo casi nunca tira a dar. Los indios llevan años saltando al asfalto y sobreviviendo, y cuando tu te pongas a los mandos lo seguirán haciendo. Déjales maniobrar y sigue tu camino sin desviarte, como el rabo del toro. Si les esquivas, un vehículo que vendrá por un costado te pasará por encima, si frenas, un vehículo que vendrá por detrás te pasará por encima… de verdad, ellos saben lo que hacen.

Y, ante todo… el coche que se acerca al costado de la carretera para incorporarse, va a salir, ni lo dudes, o frenas, o te apartas, o te lo comes. La vaca que te mira desde lejos, cruzada en mitad de la carretera, se moverá hacía donde tu vayas, es impepinable. El coche que va delante tuyo a diez por hora por el autovía, con dos señores hablando del edificio de la izquierda, va a parar en mitad del carril para mirarlo más detenidamente, no te quepa duda.

Vale, puede que sea otra cosa… pero un hotel de carretera con ese nombre mosquea

Adelántate a sus  inexplicables y absurdas intenciones, frena, esquiva, respira hondo, haz como si todo fuera normal, y sigue tu camino.

Y para acabar os daré una nota positiva sobre lo de conducir por la India. Son unos animales conduciendo, en cualquier país civilizado estarían todos los conductores entre rejas y sin puntos el primer día, pero cuando hacen una pirula, y por un error de concentración y autodominio se lo echas en cara, te miran, sonríen (sinceramente) juntan las manos y te dicen; namasté.

Buen rollo ante todo, aunque tu bazo esté encajado entre las ruedas de mi trailer.

Conducir por la India es posible, y aún diría más, es divertido.

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2 Comments

Gonzalo 24 enero, 2019 at 7:17

Sin duda, opino igual, adaptarse, morir o enfadarse cada segundo.
Y cuando subes a un bus aquello parece fórmula 1.salu2!

    Florian Geyer 14 marzo, 2019 at 10:58

    Es duro, pero en realidad es lo que nos gusta… o al menos esos dificultades a veces son un aliciente. Gracias por tu comentario Gonzalo.

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