May 15, 2022
536 Views
0 0

De Santander a Ucrania

Written by

Después de valorar diferentes opciones, entre las que la principal, y que más peso tenía, era ir a Madrid para desde ahí volar a Budapest, decidí viajar directamente desde Santander a Viena. Recordé que algunos voluntarios me habían comentado que estaban desplazando refugiados directamente a Cantabria, organizando el traslado desde la frontera húngara hasta Viena. De esta manera hacía prácticamente un recorrido parecido, cambiando el desplazamiento entre Santander y Madrid, por el de Viena a la frontera de Budapest, y aprovechaba para hacer algo de turismo.

Dicho y hecho. El lunes 2 de mayo emprendí vuelo hacía la capital de Austria, en la que pasé un par de noches, disfrutando de una ciudad encantadora, y un tiempo excepcional.

Después de esas dos noches, en lugar de salir directamente hacía la frontera, decidí ir a Bratislava, ya que está a una hora de viaje desde Viena. Tomé la decisión, en base a las circunstancias que se iban presentando por el camino. Aún no tenía finalizada la web de venta de productos ucranianos, y además Irena me había dicho que era mejor que llegara un par de días más tarde, ya que la persona que iba a ocuparse de recibirme, estaba de viaje en otra parte del país. Prefería terminar la mayor parte de la web en un lugar en el que tuviera buena conexión de internet, ya que no sabía lo que me podía encontrar en Ucrania.

Bratislava, comparada con la opulenta y ordenada Viena, es una ciudad como de juguete.

Es la prima pobre del otro lado de la calle. Una ciudad de provincias, con un innegable encanto, algo desastrada, que en algunos momentos me recordó a las ciudades del sur de Italia; envueltas desee hace siglos, casi desde su fundación, en una deliciosa decadencia.

Tras pasar la noche en Eslovaquia, consulté los horarios de trenes y autobuses, para conseguir una buena combinación de viaje hasta Ucrania, y vi que la mejor forma era abordar un tren que salía diariamente de Budapest, a las 6 de la mañana. Por eso decidí ir a Budapest, y dormir en un establecimiento cerca de la estación. He de reconocer que Budapest no es santo de mi devoción. Siempre me ha parecido artificioso. una ciudad reconstruida, con grandes monumentos de una grandilocuencia que los vulgariza en exceso, y un tejido urbano ruidoso y bastante sucio, que no anima a perderse por sus calles. Pero reconozco que mi primer viaje no se realizó en unas condiciones demasiado buenas, por lo que es posible que no haya sido muy objetivo en mi valoración.

Decidí huir del casco urbano, y coger un tren de cercanías que me llevó hasta Szentendre, un precioso pueblo en las afueras de la capital. Ahí me reconcilié un poco con Hungría en general , y con la amabilidad de sus gentes en particular. Mira que me habían advertido que son bordes, pero nunca imaginé que llegarían hasta esos extremos. He de resaltar que ale ser un día de labor, el pueblo estaba muy poco concurrido, pero que los fines de semana debe de estar hasta arriba. Es una suerte de Santillana del Mar, o de Pedraza, que durante las fiestas es el sumidero en el que arrojan sus miserias gran parte de los habitantes de la ciudad.

Al día siguiente amanecí más temprano de lo que nunca hubieras imaginado que sería capaz, y cogí en la estación central de Budapest, un tren que en 5 horas me llevó hasta Chop, mi primer contacto con tierra ucraniana. Pero esto os lo contaré más adelante.

Article Categories:
Destinos

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

El tamaño máximo de subida de archivos: 512 MB. Puedes subir: imagen, audio, vídeo, documento, texto, otra. Los enlaces a YouTube, Facebook, Twitter y otros servicios insertados en el texto del comentario se incrustarán automáticamente. Suelta el archivo aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.