trayecto Oussuye-Gouloumbou

Mapa del trayecto de Oussuye a Gouloumbou

El frenazo fue de campeonato. La moto derrapó de atrás y se me cruzó, levantando un montón de polvo de color rojo, cegando momentáneamente a Miguel, que venía demasiado pegado a mi, por lo que faltó poco para que se tragara el inmenso tronco que había atravesado en mitad de la pista. Si es que en cuanto les dejas un par de días por África, se ponen como locos.

Pero no nos precipitemos, que esa mañana habíamos amanecido plácidamente en nuestras cómodas camas del campamento comunal de Oussuye.

En Senegal, en algunos pueblos, hay campamentos comunales. Son una especie de albergues gestionados por la municipalidad, bastante asequibles y relativamente cómodos, en los que se puede uno hospedar por una cantidad razonable. Hay que tener en cuenta que así como en la costa hay oferta hotelera, en el interior es más complicado encontrar un hotel que

Rafa, un servidor y Miguel, charlando antes de salir de Oussuye

Eso del turismo tranquilo, las playas paradisíacas y las cenas con amigos, está muy bien para unos días de descanso, pero solo para unos pocos. A los que tenemos el trasero que nos huele a pólvora, al poco tiempo se nos despierta la vena nómada y tenemos que salir a escape con destino a… el camino. El viaje nunca acaba, lo que algunos creen que es el final, resulta ser solamente una etapa. Un intermedio para descansar, coger fuerzas, y poder retomar otra vez el camino.

Y en eso estábamos otra vez nosotros esa mañana, en echarnos al camino. Demasiado sedentarismo para nuestro gusto. Rafael se marchaba también, pero en avión. Después de las consabidas y sentidas despedidas de una gente que nos había acogido tan bien y que se había volcado en que disfrutáramos de lo lindo, salimos a escape a recorrer los caminos de África.

Pista de una zona boscosa en Casamance

En esa parte de Senegal, las pistas están compuestas de laterita, una tierra rojiza con un alto componente de hierro. Son suelos consistentes, que permiten una conducción bastante rápida y divertida, ya que la fina capa de polvo suelto que las cubre, permite las derramadas controladas en las curvas. Con el clima seco se levantan unas polvaredas descomunales y se te mete por la nariz y la boca, secando las mucosas. Te pasas el día sonándote y dejando el pañuelo lleno de mocos de color naranja. Por las noches teníamos que hacer lavados nasales con agua para despejarnos la nariz.

Salimos hacía el este del país en dirección a la región de Kédougou. Según íbamos adentrándonos en el este de Senegal, comenzábamos a notar los efectos de los fuertes temporales que se habían producido durante estos días. En la costa nos habían respetado. Campos anegados, casas derruidas y algunas carreteras desbordadas. Estábamos en plena época de lluvias. Desde antes del viaje lo habíamos tenido presente, pero a mis compañeros no les encajaban otras fechas, por lo que nos arriesgamos a viajar en esas condiciones. Ya nos habían sorprendido algunos chaparrones, pero de escasa importancia. Trombas de agua muy intensas, pero relativamente cortas, que eran soportables.

Entrando en la región de Tambacounda

Íbamos paralelos a la frontera con Guinea Bisaú hacia el Parque Nacional de Niokolo Koba. Poco a poco nos fuimos envalentonando y dando gas a las burras. En las zonas de pistas el tráfico era inexistente y las condiciones para correr insuperables. Fue justo al salir de una curva cuando me encontré el inmenso árbol derribado atravesado sobre la pista. La pista estaba algo elevada y corría por encima de una zona completamente anegada, en la que solo se veían las copas de los arbustos casi completamente cubiertos por el agua. Parecía como si hubiésemos retornado a la zona de manglares de la costa. Sortear el obstáculo nos fue imposible. Llevamos motos, no submarinos. Tuvimos que volver hacía atrás un buen trecho, y tras mucho preguntar y consultar mapas, conseguimos llegar a Velingara una población de suficiente tamaño, como para tener un campamento comunal en el que dormir.

Debido a las intensas lluvias, el único hotel que había en la población estaba en esos momentos bajo un gigantesco árbol que le había caído encima. Fuimos al campamento comunal, pero la mala suerte nos perseguía. A causa de la misma insistente y pérfida lluvia, el campamento se había quedado sin electricidad. Sin electricidad no había ventiladores, y como las camas de las habitaciones no tenían mosquiteros, era prácticamente imposible dormir a causa de los mosquitos. La corriente de un ventilador, impide que los frágiles mosquitos puedan volar, y si no hay electricidad pues… A pesar de que llevábamos anti-palúdicos, con los mosquitos y la malaria, en África no se puede jugar.

Copas de los árboles sobresaliendo de la inundación

No tuvimos más remedio que seguir hasta Goulomubou, una población a unos 60 km., en la que nos habían dicho que existía un campamento con corriente eléctrica y alguna que otra comodidad. Nos costó muchísimo llegar debido al cansancio acumulado. Finalmente, ya bastante tarde, entramos en el pueblo después de pasar un molesto y sorpresivo control de aduanas. El campamento, aunque con buen aspecto, estaba bastante desangelado. Hay que tener en cuenta, que esa era justamente la temporada en la que peor funciona el parque de Niokolo Koba, y por lo tanto es muy poco habitual que lleguen visitantes. Al entrar encontramos en el aparcamiento dos pick-up Isuzu pintados de camuflaje que recordaban a los coches de la película Parque Jurásico.

Nos recibió encargado bastante sorprendido de ver visitantes en esa época del año, que nos fue llevando en peregrinación de una a otra cabaña. En ninguna de ellas coincidía que funcionara el aire acondicionado o el ventilador del techo y la luz general al mismo tiempo. Después de mucho probar, encontramos finalmente una en la que funcionaba la luz general y el aire acondicionado. Confiábamos en que la temperatura fría del aire disuadiera a los molestos mosquitos, aunque no hubiera un ventilador que generara corriente. El frío también les hace desistir de volar, como a los repartidores de pizzas de Vladivostok.

Puente en la salida de Oussuye

Le pedimos algo para  cenar y  se descolgó pidiéndonos 2.500 CFA por una simple tortilla francesa. Nos pareció un abuso y le mandamos a paseo con la esperanza de que en cuanto nos durmiéramos se nos pasara el hambre. Más difícil fue la negociación del precio de la habitación. Conseguimos bajar tras arduos esfuerzos de los 20.000 CFA iniciales, a unos más razonables 15.000 CFA. Aún así nos parecía una exageración. Tremendamente caro para Senegal; sobre todo teniendo en cuenta que la electricidad se cortó a eso de las 12 de la noche, pero era lo único que había. En contraposición con otras zonas del tercer mundo, el África negra es tremendamente caro.

Las inundaciones y los problemas para comer y dormir de ese día, fueron un aviso u un aperitivo ligero de lo que nos encontraríamos más adelante.

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