domingo, septiembre 22, 2019

¿Se pude describir con palabras las sensaciones que te fluyen por la sangre cuando acabas de entrar en un país por el que vas a deambular los próximos dos meses?

Aunque ya lo conozcas de viajes anteriores, es una mezcla de excitación, vértigo, alegría desbordante, cierto miedo a lo desconocido y la ilusión de un niño pequeño ante un juguete nuevo y extraño… y ahí estaba yo, de nuevo en el aeropuerto de Delhi, a las 5 de la mañana, con la mochila al hombro, una reserva de hotel para la primera noche, y el resto del viaje sujeto, como es mi costumbre, a la improvisación y a lo que el camino me fuera marcando.

Ante todo os clarifico que la mejor forma de ir desde el aeropuerto Indira Gandhi al centro de Nueva Delhi, es coger el metro. El metro es bastante eficiente, limpio y puntual, y hay una línea directa que en 30 mn. de viaje, y por 60 rupias, nos lleva a la ciudad. Yo tuve que esperar una hora, porque las instalaciones no abrían hasta las 6 de la mañana, pero me evité la sufrida y agotadora lucha que representa lidiar con un taxista indio a esas horas. Nunca he tenido suegra, pero los taxistas de la India me hacen añorarla… al menos me enfrentaría a ellos con un curtido entrenamiento previo.

Ficha del trayecto de metro del aeropuerto a la ciudad

Desde la estación central fue chupado coger otro metro que me dejó en Karol Bagh, el barrio en el que se encuentran los comercios que se dedican a las motos, y en el que se encontraba mi hotel.

En la India la distribución comercial de las ciudades, está estructurada por barrios o zonas que agrupan a los diferentes gremios, como en Europa antiguamente. Todos los que se dedican a las motos se encuentran bien juntitos en una zona, los joyeros en otra, los vendedores de telas en la de más allá, aquellos que trafican con teteras inglesas del periodo victoriano tardío, en una algo más reducida… y así hasta que se nos acaba la lista de oficios.

Tablón con los precios de los billetes de metro

Yo, obviamente, cómo quería conseguir una moto para deambular por el país, me dirigí al barrio de las motos… si hubiera querido recorrer el país en camello circasiano, me habría ido al barrio de los camellos circasianos.

 

Salir del metro aún de noche, en mitad de un solitario barrio de una ciudad de tropocientos millones de habitantes, no es nada tranquilizador. Por suerte había dado de alta y configurado una tarjeta de teléfono india en una tienda Vodafone del aeropuerto, y con Google Maps (¡o maravilla de los viajeros perdidos y qué, además sepan usar Google Maps!) me planté en el hotel en un periquete.

Tuve que llorar un poco para que me hicieran el check-in unas horas antes de lo que marcaban las reglas de admisión, pero en general fueron bastante amables. En vista de eso, y después de revisar la habitación y comprobar que ls cucarachas no excedían los 5 centímetros de eslora, decidí quedarme un par de días mas con ellos, mientras resolvía todos los pormenores del alquiler de la moto.

Aposenté mis reales, desembalé el equipaje, engrasé las articulaciones un poco anquilosadas después del largo viaje, y me lancé a la calle a desayunar e iniciar mi aventura…

Mi ubicación
Cómo llegar

Si te ha gustado está entrada de nuestra página, ayúdanos a compartirla y dale al botón de abajo o al del costado para publicarla en tu perfil. Así otros podrán disfrutar de ella. GraciasLa sección para comentar está al final de la página.Es muy sencillo, no te pedimos que te registres y te agradecemos cualquier comentario

0 Comments

Leave a Comment

Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Entradas más recientes

Té en Larache

Té en Larache

18 enero, 2008
Villa Epecuén, el retorno del diluvio

Síguenos

Entradas más populares

Dolmen de La Cabaña

Advertisement

img advertisement

Entradas más recientes

LATEST POSTS

Té en Larache

Té en Larache

18 enero, 2008
Villa Epecuén, el retorno del diluvio

Social