Adán y Rafael llegaron a Oussunye un día antes que Miguel y yo, ya que fueron directamente por carretera y no se desviaron por pistas. Rafael, después del accidente de Mauritania, necesitaba una profunda revisión de chapa y pintura, y no estaba en condiciones de aguantar mucho tiempo a lomos de una moto.

Si llego a saber con lo que se encontraron el día anterior, me habría saltado todas las pistas que hice, porque el acontecimiento tuvo su miga… e incluso parte de corteza. Tuvieron la inmensa suerte de asistir a una singular recepción real.

Adán, el Rey, el feticher y Rafael

El caso es que la región de Oussunye tiene un rey. Un rey tribal, sin poder político o administrativo efectivo, pero un rey al fin y al cabo. Una figura heredera de la ordenación política tribal anterior a la colonización, que en nuestra época es una figura simbólica y ornamental. Más o menos como el rey de España, pero sin palacio de Marivent. Senegal está plagado de pequeños reyes, casi tantos como regiones o comarcas hay en el país. El de Oussunye era un rey electivo, en cierto sentido democrático, porque se nombraba de forma electiva cada cierto tiempo. No se elige por sufragio universal, si no por acuerdo del comité de ancianos de la región, pero el caso es que se elige. Cuando llegaron Adán y Rafael, se iba a celebrar la coronación del recientemente escogido nuevo rey de Oussunye con una recepción real.

A la recepción, además de las autoridades de la zona, acudían también los representantes de las ONGs que trabajaban en la región. Al rey le habían comentado que a las instalaciones de la ONG que nos hacía de anfitriona habían llegado unos visitantes de España con una moto de gran cilindrada. Resulta que el rey era, cuando se encontraba libre de sus reales cargas y obligaciones, mecánico de motos. Mandó mensaje a la

El rey y su brujo

responsable de la ONG para que se presentara con los españoles y con la fantástica máquina con la que habían llegado desde su país. La palabra del rey era una orden.

Excuso decir que fueron los huéspedes más celebrados por el monarca. Según me contaron, les recibió en el patio de la zona de cabañas que hacían de residencia real, imponentemente vestido de rojo satinado y acompañado del “féticher” (Textualmente encargado de los fetiches) de la corte, el brujo para que nos entendamos.

Teniendo en cuenta que en Senegal no hay ninguna moto de más de 80 cc. de cilindrada, una modesta Kawasaki de 600 cc. le parecía la reina de todas las motos, la consorte ideal de su coronación. La recepción no es que fuera fastuosa, pero resultó bastante interesante; algunos bailes tribales, buena bebida de la zona y un montón de gente interesante para los alucinados ojos de unos españoles recién aterrizados en ese mundo que se les antojaba mágico, como recién salido de un libro de André Gide. Supongo que también al rey de Oussunye, la moto de Adán le pareció mágica, y es posible que esa noche soñara con un taller repleto de fantásticas máquinas, de las que él era el monarca absoluto con poder de reparación o desguace sobre ellas.

Pero el material del que se alimentan los sueños de los reyes permanece fuera de mi humilde conocimiento.

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